Andrés Calamaro en el Movistar Arena: el Salmón sigue nadando contra la corriente

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El mítico músico argentino se presentó en el microestadio de Villa Crespo con lleno total. Repite el 3 y 8 de junio.

Hay artistas que uno siente que acompañaron distintas etapas de la vida. Canciones que estuvieron ahí en separaciones, viajes, noches eternas, amistades, amores y derrotas. Y para mí, ver por primera vez a Andrés Calamaro en vivo era justamente una deuda pendiente con todo eso. Lo había visto hace muchísimos años con Los Rodríguez, en aquel recordado episodio del “porrito” en La Plata, pero nunca solo. Siempre aparecía una excusa, algo que postergaba el momento. Incluso una vez tuve entrada y terminé no yendo. Esta vez finalmente sucedió. Y la sensación fue la de haber asistido a algo verdaderamente épico.

Porque más allá de las diferencias políticas, de las polémicas constantes o de sus opiniones en redes sociales, hay algo imposible de discutir: Calamaro es un artista monumental. Uno de esos músicos que forman parte de la banda sonora emocional de generaciones enteras.

Durante más de dos horas recorrió canciones de toda su carrera. Hubo clásicos de Los Rodríguez, temas de Los Abuelos de la Nada y gran parte de ese universo inmenso que construyó como solista, especialmente desde Honestidad Brutal en adelante. Y arriba del escenario sigue siendo exactamente eso que construyó siempre: el Salmón. Un tipo que jamás deja de nadar contra la corriente.

En tiempos donde muchos artistas prefieren esquivar cualquier posicionamiento, Calamaro vuelve permanentemente a jugar políticamente, incluso sabiendo que eso le genera críticas. Agradeció una camiseta que le regaló Claudio Tapia, pero también proyectó imágenes de las Madres de Plaza de Mayo, de Hebe de Bonafini y Nora Cortiñas mientras sonaban canciones atravesadas por la memoria y los desaparecidos. Incluso hubo un fuerte posicionamiento respecto de la crisis bélica mundial cuando, mientras sonaba “Crímenes Perfectos”, las pantallas mostraban imágenes vinculadas a la bomba de Hiroshima y a distintas escenas de devastación y guerra. Esa contradicción permanente, ese espíritu incómodo, provocador y libre, es parte esencial de quién es Andrés Calamaro arriba y abajo del escenario.

También apareció su costado profundamente cinéfilo y cultural. Las pantallas mezclaban imágenes de películas, referencias visuales, toreros, corridas de toros y carreras de caballos. Siempre polémico, siempre al borde de incomodar, pero también siempre fiel a un imaginario propio que lleva décadas construyendo.

Uno de los momentos más emotivos de la noche llegó con “Costumbres Argentinas”, acompañada por imágenes de Diego Maradona proyectadas en la pantalla gigante. Ahí el Movistar Arena entero pareció transformarse en una especie de ritual colectivo de memoria, nostalgia y emoción popular. Porque si algo tienen las canciones de Calamaro es justamente eso: logran mezclarse con la historia emocional argentina.

Y si hay una canción que representa esa comunión absoluta entre Andrés y su público, esa fue “Paloma”. Cantada prácticamente a los gritos por todo el estadio, se convirtió en uno de esos momentos donde ya no importa quién está arriba del escenario y quién abajo. Un himno absoluto para el público calamaro, coreado con una intensidad emocional difícil de explicar para quien nunca vivió un recital suyo.

Entre los invitados, uno de los momentos más celebrados fue la aparición de Santiago Motorizado para cantar “Cuando no estás”. Y quizás el mejor resumen de lo que se vivió en el recital lo terminó diciendo el propio Santiago arriba del escenario: “Gracias por tantas alegrías”. Una frase sencilla, pero que condensó perfectamente el sentimiento general de toda la noche.

Pero el verdadero estallido emocional llegó con la entrada de Trueno para interpretar “Mil Horas”, generando uno de esos cruces generacionales que solamente logran los artistas verdaderamente grandes.

Y quizás ahí esté lo más impresionante de Calamaro: sigue siendo relevante. Sigue despertando debates, discusiones, amores y odios. Sigue cantando himnos con una naturalidad pasmosa. Sigue construyendo recitales que no parecen ejercicios de nostalgia, sino celebraciones vivas de una obra gigantesca.

Polémico, contradictorio, brillante, incómodo y profundamente talentoso. Andrés Calamaro sigue demostrando que todavía está en plenitud. Y verlo finalmente en vivo fue entender por qué tantas de sus canciones terminaron convirtiéndose en parte de la vida de todos nosotros.

  • Reseña escrita por Bruno Calabrese, integrante de Zona 16.

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